El camino está bastante bien señalizado con marcas de color e indicaciones de dirección. Desconocía la distancia real a caminar y la dificultad del trayecto. El resultado fueron diez horas de marcha por algunos sitios con zonas algo comprometidas y que requerían de cierta audacia. No está hecha ni para cualquier persona ni para un paseo tranquilo.En línea recta la distancia sería de 25 kilómetros, pero lo serpenteante y escarpado del camino hace que sean realmente unos 40 kilómetros los que se andan hasta llegar a la Ciudad de la Luna.
El itinerario está plagado de pozas y remansos para el baño, pequeños saltos de agua, multitud de aves y pequeños mamíferos y hasta una pequeña garganta que modestamente compite con la maravilla natural de Petra.
Hay formaciones rocosas curiosas, como un puente natural que una vez cruzado y visto desde el lateral del camino da vértigo de haber sido transitado.
Un par de monasterios cristianos están escondidos en enclaves privilegiados y medio excavados en la roca.
También hay una zona habitada por agricultores y ganaderos palestinos similar a un pequeño oasis alimentado por el agua que procede de un acueducto, así como varios poblados beduinos en los laterales de las escarpadas montañas.
Lo curioso de muchas de esas montañas es su altura: hay una que en su cima tiene 143 metros BAJO EL NIVEL DEL MAR. Está muy cerca de Jericó, la ciudad habitada más antigua del mundo y que se encuentra a 300 metros bajo el nivel del mar a escasos 15 kilómetros del Mar Muerto, el punto más bajo de la tierra con 400 metros bajo el nivel del mar.
Es una buena jornada a tener en cuenta para los amantes del senderismo y fuera de los circuitos turísticos (en esas diez horas solo encontramos siete u ocho personas en todo el trayecto).
Su forma de vida, errante, es sencilla: ganado, algo de trueque y poco más. En sus casas tipo 
Como suele pasar con todas las poblaciones nómadas su forma de vivir no es muy del agrado del resto del 
