Durante los tres años que dura el servicio militar -dos años para las mujeres- los jóvenes van permanentemente acompañados por su fusil M16, que llevan a excursiones, cuando salen los fines de semana por la noche, etc.,

También viajan con sus armas.
Mientras prestan el servicio militar pueden usar los transportes públicos gratuitamente, y cuando no hay sitio suficiente, como en el caso de este autobús, duermen en el suelo acompañados por su inseparable M16.
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Tras el muro se puede observar parte de la pista del aeropuerto de Qalandia (uno de los dos en tierra palestina). Está en las afueras de Ramallah, inoperativo, abandonado y rodeado por el muro de ocupación.
El otro aeropuerto estaba en Rafah, Gaza. Fue inaugurado en 1998 con un coste de 38 millones de dólares, 25 de los cuáles fueron aportados por el gobierno español. José María Aznar fue el primer dirigente no árabe en aterrizar en su pista. A la derecha de la siguiente fotografía está la línea roja del armisticio sobre la que tres años más tarde bulldozers israelíes pasaron para arrasar la pista al tiempo que aviones de ataque bombardearon la torre de control y la terminal. Se pueden llegar a apreciar los daños en la pista de aterrizaje -segmentada por los destrozos de las perforaciones- en la foto aérea de google earth.

El muro no llega a ser un obstáculo insalvable para los pájaros.

Esta es una torre de vigilancia abandonada junto al checkpoint operativo de Qalandia. En el muro se pueden encontrar también graffitis de Banksy, un artista británico que ha puesto arte al servicio de la crítica y la denuncia.

Soldados patrullando por el mercado de Hebrón. Casi todos los puestos están cerrados con las puertas soldadas porque se aduce tema de seguridad. Una vez clausurados y abandonados los establecimientos, los colonos israelíes construyen allí sus casas aumentando el asentamiento.

Checkpoint en Hebrón, junto al asentamiento israelí, con los soldados realizando un rutinario control de pasaportes.

Excepto los núcleos urbanos palestinos, el resto del territorio está o bien ocupado o bien con control civil y militar israelí. Este señor estaba realizando unas obras en un pueblo con una excavadora y el ejército le impide continuar con su trabajo. Es una de las muchas tácticas para impedir que los palestinos puedan construir casas nuevas en su propio territorio -en otras zonas, como Jerusalem, no se dan permisos para obra nueva ni para reformas y además se demolen casas árabes para construir asentamientos judíos-.
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Dos fotografías de manifestantes en el muro cercano a Bil'in con el ejército al fondo antes de que comiencen a disparar bombas de gas lacrimógeno y balas de goma.

Muro de separación en Belén con la inscripción "Que la paz sea con vosotros". Rodea completamente Belén con una altura de 8 metros. Al leer ese lema fue inevitable que me invadieran las mismas sensaciones de indignación que en la frase "Arbeit macht frei" de Sachsenhausen (escrito a la entrada de lo que en principio era un campo de trabajo y luego evolucionó a uno de concentración).

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Aunque semana tras semana se saltan todas las convenciones habidas y por haber saben que pase lo que pase, haya o no haya heridos o muertos, nada va a trascender a la opinión pública; es el ejército más ético del mundo quien está defendiéndose de un grupo de bárbaros compuesto por un puñado de palestinos que no pueden ya cultivar sus campos, de activistas extranjeros, de periodistas de todos los rincones del mundo y jóvenes israelíes que reniegan de la política de su país y que han renunciado, con todas las graves consecuencias que les supondrá eso, a hacer el servicio militar.
Los rincones de la ciudad están plagados de hechos escabrosos. Por ejemplo, en un intento por matar a un activista palestino detonando explosivos a distancia se acabó, por accidente, con la vida de un comerciante que iba a abrir su tienda. La puerta de su tienda y las paredes exteriores están repletas de las marcas de la metralla. 

La mayoría de estos refugiados -como el resto de los 750.000 expulsados- aún conservan las llaves de su casa y confían en regresar algún día a ellas.
Me encontré con otro lugareño a quien conocí en año pasado, y al preguntarle si había cambiado algo la situación desde entonces responde: "Me levanto como cada mañana, me aseo, me perfumo, doy un beso a mi mujer e hijos y luego me miro en el espejo y me pregunto: ¿merece la pena seguir viviendo así? Y pienso en un motivo para no perder la esperanza".
